Una noche, un día.

Historia basada en hechos reales.

Solo sé que tengo poco tiempo, con mucho trabajo pude conseguir el lápiz y el papel antes de que la pastilla que ella me ha dado borre estos dos últimos días de mi vida; una vez que haga efecto no recordare nada, ni siquiera haber escrito esto. No sé porque lo habrá hecho si han sido vivencias tan espontaneas, hemos vivido un romance que nos rebasó brutalmente para convertir nuestra ridícula humanidad en una historia memorable; conquistamos nuestros intelectos de manera sutil, luego, no había nada más que dejarse llevar ante una monumental ola de sentimientos y sensaciones que ni siquiera sabía que existían. Despertó algo en mí que me ha regresado la esperanza en otra persona,  dejamos de chantajear a nuestra mente y nuestros cuerpos… eso me hace seguirme preguntando: ¿Por que puso esa maldita pastilla en su lengua y luego en mi boca?… Tardara alrededor de media hora en hacer efecto, ahora más que nunca debo de ser rápido al escribir… luego mi vista se comenzara a poner borrosa, me pesará el cuerpo de sueño y ahí terminara todo, mañana despertare como si nada hubiese ocurrido. Necesito mantener este recuerdo conmigo, aunque luego al releerlo ni siquiera sepa que es mío:

Hace dos días en la noche que le volví a ver. De la misma manera casual que desde que le conocí, hará media década de ello. Nos saludamos amistosamente como siempre y le pude presentar al amigo que me acompañaba, este, ocurrentemente nos invito un par de cervezas, que los dos aceptamos gustosamente.

Entramos al bar, tomamos un lugar cual sea en la mesa mas arrinconada, nos estábamos divirtiendo, pero nada en especial, conversaciones anecdóticas y sobre cualquier cosa; ese par de tragos se convirtieron en un par mas y siguieron multiplicándose hasta llevarnos a ese estado de embriagues relajante. Después de hora y media mi amigo comenzó a sentirse “incomodo” estomacalmente, a lo que con un saludo corriente despidió su velada con nosotros. Habría pasado una hora más desde que mi amigo se marcho, ya era de madrugada y también decidimos irnos, cada cual a su casa que estaba en las cercanías; me ofrecí a acompañarla pensando que nos llevaríamos 20 minutos (caminando) a su casa y después 30 minutos adicionales cuando yo regresara a la mía, me pareció buena idea para deleitarme más la noche.

Mientras caminábamos seguíamos riendo y contándonos historias varias. A la mitad del camino nos dimos cuenta de que no teníamos por que terminar la noche, que podíamos seguir construyéndola incluso hasta el día siguiente… su mirada tan inspiradora y su sonrisa atrevida me dieron la confianza necesaria para decidir aventurarme. “¡Sigámosla, tenemos dinero, tiempo y juventud”!. Le dije como si ese día se terminara el mundo y fuera la última noche.

Llegamos a una tienda cualquiera, compramos un par de botellas de vino tinto y mucha cerveza, en esos momentos me preguntaba si “tanto alcohol” era necesario, justo estaba a punto de preguntárselo cuando voltee a verla, me sonrió, después de eso la pregunta pareció ya no tener sentido, le sonreí también y nos fuimos, con una promesa que los dos ignorábamos esa noche. El clima comenzó a ponerse frio y la lluvia nos amenazaba tiernamente con la llovizna. No podíamos regresar al bar, seguramente ya habían cerrado, así que resolvimos ir al departamento de uno de sus amigos, que había salido de vacaciones el cual le había dado las llaves para que “le echara un vistazo” de vez en cuando para ahuyentar a cualquier malandrín. Cuando llegamos me dijo que me pusiera cómodo en cualquier parte, enseguida me di cuenta de que había muchas cajas pero ningún mueble a la vista; cuando le pregunte el porqué me explicó que todas las cosas estaban empacadas por que el planeaba mudarse una vez que regresara de su viaje, así que estábamos en un departamento con una docena de muebles envueltos, una ventana al lado de la calle sin cortinas y mucho frio. “¡Pero qué carajo si es lo único que necesitamos para seguir esta fiesta tan particular!”. Pensé.

Descorchamos la primera botella (como pudimos, pero lo hicimos), nos sentamos en el piso y seguimos con nuestra conversación tan “sin fin”, estaba comenzando a llover en forma y el frio se estaba poniendo intenso, pero entre nuestras risas y el alcohol en la sangre eso paso desapercibido… por un rato. Ya daban las 3 y pico de la madrugada cuando nos sentamos y recargamos en la pared junto a la ventana, el sonido de la lluvia al caer nos hipnotizo, en algún momento nos perdimos y cuando me di cuenta ya estaba dormida en posición fetal recostada en el suelo, me quite la chamarra y se la puse encima para cobijarla, no podía darme el lujo de estar desempacando cosas ajenas para encontrar una manta. Me comencé a sentir cansado y al verla durmiendo a mi lado e hice lo mismo, pero el frio me torturaba y comencé a temblar, en alguna de las veces que cambie de posición me di cuenta de que ella también estaba temblando, pensé que no le molestaría que le abrazara, además ya habíamos construido esa confianza. Supuse.

Me acomode como pude a sus espaldas y al paso de unos minutos el frio se había mitigado deliciosamente. Cerré los ojos y percibí su perfume, tan suave (como ella) me relaje y por fin dormí.

———–

Si hubiese sabido que al despertar la vida tenía algo de esa magnitud por mostrarme me hubiera puesto galán o me atrevo a decir que me habría preparado espiritualmente…

CONTINUARA…

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