El problema con mis detractores.

Mujeres, muchas de ellas por doquier, el mundo está lleno, en una cantidad menor hay masculinos. Todos nosotros tenemos la obligación social de vivir en paz, armonía y respeto. Esta será la única manera en la que podremos alcanzar un nivel de “felicidad en comunidad”, y es que cualquiera puede decir que no necesita de las personas de su medio ambiente (la autosuficiencia está de moda, egoísmo humano en un estado puro disfrazado de independencia. Hipócritas), pero nada más alejado de ello, porque no es la necesidad del otro, sino la influencia que este pueda causar en cada uno de nosotros y sobre todo; cómo podemos manejarnos ante esto.

En un caso particular (el mío), en un ambiente en particular (mi pueblo), en una sociedad en la que me desenvuelvo (de tradiciones ortodoxas y poco tolerantes) es difícil desenvolverse, cultivarse o destruirse sin llamar por lo menos un poco la atención; y claro que uno está dispuesto a pagar ese pequeño precio, pero cuando “el ahorro” de toda esa “critica” pesa de tal manera que, además de ser una pérdida de tiempo, el constante reclamo por tener que explicar y desmentir razones que no existen se hace presente. Estúpidamente molesto, ya que en ningún momento nadie nos obliga a soportarlas (¡Y quien se ve obligado a sobrellevarlas somos nosotros!).

Lo que se debe hacer, en principio: es ignorar. La manera más eficaz de que “los detractores” le resten importancia a las vidas ajenas y dejen de hacer ruido. Es así de fácil, aunque el desconocimiento de las circunstancias con las que se juzga a una persona pueden hacer que “los dimes y diretes”  cobren sentido sobre sí mismos, es decir, aunque no estén basados en argumentos reales o hechos verídicos (después de todo; la mentira que se dice miles de veces termina por convertirse en verdad).

“Él vio todo y no hizo nada”, “hackeo la cuenta de mi esposa”, “La esta acechando porque se lo come la envidia”, “es gay”, “se cortó las venas por mujeres”, “dijo esto (o aquello) sobre “x” persona”… todas estas oraciones claramente difamatorias tienen como fundamento solo la ignorancia sobre el contexto real de los hechos. Nunca nada debe juzgarse si no se conocen las evidencias totales y mucho menos dar por hecho una verdad impuesta y absoluta.

Pero las palabras tienen un valor cuando son pronunciadas con el acento “dramático”, “serio” o “despectivo” correcto. Personas “limpias” en apariencia y “bien portadas” superficialmente hacen estas sentencias con el solo objetivo de ser destructivas. ¿Y qué más da? Al final del día uno tiene que decidir a quién  quiere convencer y a quien quiere mandar directo a la mierda; pero justo ahí, en el momento en el que visualizamos a las personas “queridas” en las que necesitamos confiar (y por tanto también que confíen en nosotros) es un momento de riesgo y es necesario aceptarlo, porque todo puede pasar. En definitiva, los humanos no estamos hechos para estar solos; y vivir en paz se convierte en una necesidad, pero va en contra de nuestro instinto animal y aquí justamente es cuando tenemos la oportunidad de convertirnos en humanos racionales, dejemos el odio, la envidia, la hipocresía para las bestias. Por favor.

P.D. A mis detractores: Un cordial abrazo.

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