Sin finales felices por favor.

Ya hará de un par de años que tengo este borrador en el cuaderno.

Va siendo hora de desempolvarlo.

Quiso mantener la calma, estar sosiego, a la altura de la situación; pero definitivamente ese no era él, estaba completamente destruido y su mente en un shock del que sentía hundirse con cada segundo que pasaba. Lo sospecho desde que miró al doctor a lo lejos caminando hacia él: “No podemos hacer nada, es necesario el trasplante, tenemos alrededor de 5 horas antes de que pase lo peor… lo siento”. Una jodida frase ensayada de los médicos, parece que toman clase de Disculpas I y II, el tono neutro y resignado… malditos doctores amables (pensó para sí).

La vida lo había bendecido a sus veinticinco años con Roció, la primera de tres hijas, dos años después vendría Anel y tres años mas tarde Isabel, idénticas a su madre en belleza y terquedad, quien desafortunadamente no había podido vivir para verlas crecer después de su ultimo alumbramiento.

De él todo fue un desastre por algún tiempo, pero recobro el sentido y la voluntad al ver que su esposa se había quedado habitando en tres pedacitos de carne que estaban evolucionando y necesitaban de su fortaleza… y es que nadie dijo que ser padre fuera fácil, y aun mas, al mismo tiempo tener que ser madre. Como pudo (y bien que lo hizo) llevo a sus hijas por un buen camino, eran excelentes estudiantes; Roció una hermosa bailarina de jazz, Anel con un talento maravilloso para el piano e Isabel con una pasión y un don para el dibujo. Él no podía pedir más.

 

Pero nada es perfecto.

 

Un día después del cumpleaños número veintitrés de Roció los cuatro se disponían a abrir los regalos, muchos de ellos de parte de pretendientes que llevaban años tras el “sí” definitivo; sin éxito alguno. Y no era que Roció fuera una recatada ortodoxa, simplemente (a su experiencia) tener un compromiso con quien fuera no era… “practico”, comprendía que no le traía algún beneficio que no pudiera obtener por otros métodos o de diferentes fuentes. Cada vez que abría alguno de los obsequios miraba la etiqueta y le platicaba a su familia como es que había conocido al susodicho y cuanto tiempo llevaba pretendiéndola… una lista muy larga. Anel e Isabel no le envidiaban nada en absoluto a Roció, y compartían la misma idea sobre el compromiso. Su padre les había dado una sola instrucción para que le honraran y él se sintiera orgulloso: Esfuércense por lo que quieran con pasión… sean felices sin importar lo que los demás piensen. A pesar de esto él no había vuelto a enamorarse, ni siquiera intentar hacerlo en alguna cita o con muchas de las mujeres que le invitaban a pasar la noche “para consentirlo”; y no era por “el que dirán”, mas bien por el amor que le había jurado a su difunta esposa, cada día le recordaba con melancolía y la misma intensidad, se había percatado de que no necesitaba otra cosa, con eso era mas que suficiente para ser feliz. Los años fueron llevaderos.

Cuando terminaron de desenvolver el ultimo regalo, que era un vestido escotado por la espalda de color azul cielo, corto y ajustado… se levanto del comedor para írselo aprobar, al poco rato regreso dirigiéndose inmediatamente a su padre quien tenia la mirada perdida, pensando en asuntos sin resolver del trabajo.

“¿Te gusta papá?, yo opino que se me ve muy bien, podría conquistar a quien yo quisiera”, le dijo emocionada.

Al voltear a mirada hacia su hija no pudo evitar la sorpresa… “te vez hermosa, eres idéntica a tu madre, vestida así me recuerdas cuando la conocí”.

Y como conjuro maldito, después de decir la última silaba Roció cayó al suelo sin más.

Mientras Anel llamaba a una ambulancia, él e Isabel seguían intentando reanimarla; y a pesar de que respiraba con consistencia no despertaba del desmayo, la preocupación crecía cada minuto que los paramédicos se demoraban en llegar, ninguno de los tres podía explicarse lo que había pasado y eso aumentaba más su preocupación.

Diez minutos después la ambulancia la llevaba camino al hospital.

Curiosamente la llevaron a emergencias en lugar de darle solo primeros auxilios o reanimación. Él había llegado momentos después con sus dos hijas para enterarse de ello… “necesitan esperar, esta en urgencias, una vez que el doctor termine de atenderla vendrá a darle mas información” les dijo la enfermera.

Y en la espera, sentados, mirando los tres al suelo sin decir ni una palabra… con la suavidad con la que fluye el tiempo, y la furia de quien quisiera castigarlo… Anel se desmayo en el sofá e Isabel cayó al suelo casi al mismo tiempo.

Llamo casi llorando y gritando a las enfermeras quienes a su vez pedían camillas desesperadamente. ¿Qué carajos esta pasando, que demonios? Pensaba mientras por su mente pasaba cada momento de los días anteriores, “quizá fue algo que comieron” deducía. Al poco rato también ellas entraban en urgencias.

Cuando el doctor salió no solo tenía una expresión de preocupación sino de sorpresa y asombro.

Lo que acaba de pasar señor, además de ser una rara y horrible coincidencia, es una tragedia. Sus hijas tienen un raro padecimiento genético, descubierto hace poco menos de diez años. La mal formación en ciertos genes hace que los riñones se transformen en una bomba de tiempo… se destruyen así mismos casi por completo hasta que pasa lo que a sus hijas. La única solución es una droga experimental o un trasplante, el problema con el fármaco es que solo ha funcionado tres veces en los quince casos detectados en el mundo, por lo que no quiero que se haga de falsas esperanzas… y el problema con el trasplante es que en cada una de sus hijas los dos riñones están desechos, entonces… mencionándole lo obvio… (Su expresión es triste y nerviosa, como si el doctor de repente quisiera desaparecer y preferir que alguien mas le diera la noticia) necesitamos por lo menos tres riñones, sus hijas están al final de la lista de espera de donadores y solo tienen este día antes de que los organos dejen de funcionar.”

Después de que el medico le dijo que intentaría restablecerlas con el fármaco se fue de prisa.

Él se quedo en la silla con los codos en las piernas y las manos apretando su cabeza, no podía creer lo que estaba pasando, ¿que castigo divino o infernal estaba pagando? y aunque no era el momento para debilidades se puso a llorar,  lloró por casi una hora hasta que el mismo medico volvió a salir de la sala de emergencias para darle la mala noticia. “No podemos hacer nada, es necesario el trasplante, tenemos alrededor de 5 horas antes de que pase lo peor… lo siento”.

Fue con alguna de las enfermeras y le pidió que hiciera los estudios necesarios para saber la compatibilidad de sus riñones con sus hijas. Unos minutos después la enfermera regreso contenta y alentada a darle la buena nueva al señor: sus riñones son completamente compatibles, no hay ningún riesgo al donar. Pero extrañamente vio como él, en lugar de cambiar su temple de tristeza a felicidad… pareciera que acababa de recibir una noticia aún peor… y así era.

Ahora tendría que decidir quien de sus hijas viviría… y se ponía peor, al pensar que se debería de resignar a la muerte, ¿Sus hijas terminarían por odiarlo o por adorarlo toda la vida? ¿Lo culparían o entenderían la posición en la que estaba? ¿Quién de ellas viviría para hacerlo? Esto definitivamente era una maldición, alguna mala jugada que Dios planeaba resolver milagrosamente antes de que el tiempo se terminara… o quizás… son cosas que pasan.

Estaba solo, nadie podía aconsejarle, ni ayudarlo, ni alentarlo a tomar la decisión correcta…

¡¿Pero cual era la decisión correcta?!

La noticia se extendió en el hospital como una bacteria, nadie se atrevía a decir cualquier cosa, o más bien, nadie era lo suficientemente valiente ni cobarde para hacerlo.

Llego el doctor solo para decirle: ya es tiempo de que tome una decisión, escríbala y yo me encargare del papeleo.

Él levanto la mirada con los ojos sumamente hinchados y destruidos para contestarle: Gracias, ya lo he decidido…

….

FIN.

P.D. A veces, las buenas historias son de las que somos completamente dueños del final.

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Una noche, un día. Parte III.

Parte I . Parte II

De repente ella no parecía estar… era como si estuviera pensando en algo mas, en alguien mas…

/Están empezando a hormiguearme las piernas, ya están próximos los efectos de la pastilla. Debo apresurarme/

Preguntándole que le pasaba no supo-quiso responderme. Repentinamente le dio un trago más a la botella sin piedad, como si deseara morir ahogada de vino; pero pronto me di cuenta de que lo había hecho para anestesiarse, y mientras se acomodaba entre mis brazos… frente a mí se durmió, fue tan repentino, no supe que hacer solo deje que separara mis rodillas con su pierna, se acercara a medio centímetro de mis labios sintiendo su aliento tibio, sus manos en mi pecho, yo me quede congelado, hasta mi respiración se hizo lenta, pero el palpitar de mi corazón estaba descontrolado, salvaje… ¿ella tendría algún fin con todo esto? Y en ese caso ¿Qué planeaba?, cuando el miedo me hacia razonar sobre las respuestas parte de mí pensó-sintió: ¡Que importa! ¡Vive el momento! Ella lo había dicho.

Aun así me sentía incapaz de hacer cualquier cosa, no quería despertarla, estaba solo contemplándola, de una manera que ella nunca comprendería pro que jamás podría verse dormida, frágil e indefensa, con sus labios delgados y rojos como la sangre; su cabello resbalaba por su rostro y fue cuando me atreví a moverme para recorrerlo hacia su oreja lo más lentamente posible… despacio. Pensé. Mi corazón seguía latiendo maniáticamente, algo en mi seguía creciendo mientras la tenia así de cerca, podía no solo oler su perfume sino sentir aroma. Su piel clara, su cabello negro, encontraba cada detalle… lo convertía en una sensación y la hacia mía (¿a ella también?).

No puedo decir con claridad que fue lo que me hizo besarla; si el ansia, su belleza o simplemente las estrellas se alinearon de manera perfecta para darme valor. Primero sus mejillas de la manera más delicada que pude, las acaricie con mis labios, deslizándome por sus ojos, su frente, sin dejar de abrazarla… bese sus labios sin despertar ninguna respuesta… no podía  despertarla o… eso pensaba.

Entre uno de esos besos sin decencia sentí como  sonreía. “Ya estoy despierta” me dijo con su voz suave sin separar sus labios de los míos. Abrió los ojos, yo seguía inmóvil e impresionado por la manera sorpresiva en la que pronunciaba sus palabras. Me abrazo con una mano por los hombros y con la otra detrás de mi cabeza presiono su boca contra la mía; con una elegancia romántica que nunca había conocido.

Nuestros cuerpos confiaron uno en el otro mientras seguíamos besándonos, su lengua consentía a la mía con un masaje de calidad artesanal para luego morder dolorosamente mis labios, mientras nuestros sexos se consentían sobre el pantalón el calor aumentaba rápidamente. Me separo de ella repentinamente solo para comenzar a desabrochar mi pantalón… se detuvo, tomo mi rostro con una de sus manos haciendo que la mirara directamente a los ojos: “¿sí?, ¿así?, ¿ya? Me pregunto. Y clavándole la mirada de la manera más sincera posible le di un “Si”. No dijimos nada más.

Siguieron los besos, muchos de ellos de todas las maneras, mientras se quitaba el pantalón apresuradamente y yo me deshacía del mío. Deseo puro. Me quede pasmado con sus piernas, carne deliciosa de mujer, con su ombligo redondo y su ropa interior delgada, sin ninguna rara ni atractiva forma, era solo que ella la tenia puesta, con eso era más que suficiente para entender que no necesitaba nada más.

Una vez desnudos de la cintura para abajo pude sentirla; esa calidez que ninguna otra cosa o situación puede igualar… estar dentro de ella mientras la veía cerrar los ojos y hacer un gesto de placer; se mordía el labio inferior y movía la cintura de formas que no hubiera imaginado, era despacio pero también lo necesariamente rápido para que el placer tuviera el ritmo y el sabor. Definir su sexo por dentro… mojado y caliente, golpeando delicadamente sus paredes. Yo no sabía que pensar, solo me daba cuenta de que era algo sin igual, de que podía morir en esos momentos sin la menor preocupación… mientras saboreaba su cuello y sus hombros me tomo por la cintura empujándome hacia un costado  y de un ágil movimiento se puso sobre mi. Estaba siendo testigo de un talento sin igual.

Levante su playera  y su “bra” para saborear, sin su permiso, sus senos de tamaño exacto, disfrutándolos como si fuera helado, mordiéndolos cuidadosamente, su pezón rosado endureció tan rico… esto solo debería de ser el paraíso, pensé. Mis manos acariciaron su cintura y espalda solo para presionarla violentamente contra mí, para penetrarla locamente… le gustaba. Ya hacia sudor, su cabello suelto ocultando su cara mientras seguía moviéndose rápidamente y gemía… placer, su cadera, placer, sus gestos, placer, sus manos, placer, sus pies, placer…

Tome sus nalgas como si quisiera arrancárselas, ella nuevamente mordio mi cuello con la furia de una mujer hambrienta y caliente. Todo se repitió una y otra vez, una  y otra más. Ella… su placer y lo que había crecido en mi… miedo de que se fuera.

/Mierda mis ojos se sientes raros…/

Después de eso… de todo y nada, de ir… y venir; mirándonos desnudos sin mucho que decir ella tomo la palabra para contarme sobre un proyecto en el que trabajaba (yo sentí su conversación tan casual que por un momento olvidaba lo que acababa de pasar). Perfección del efecto del “propranolol”, una sustancia con la que se podía olvidar, mientras desarrollaba su conversación no pude contener el sueño… y sin querer dormí, como desde hace muchas lunas no lo hacia, pero ahora con el miedo de despertar y no tenerle cerca para verla reir. Cuando abrí los ojos ya era de noche y ella no estaba junto a mí… eso hizo que pudiera recuperarme más rápido debido al susto. No paso mucho tiempo cuando todavía cansado y con la vista borrosa vi como se abría la puerta lentamente y ella entraba ya vestida y sin indicios de desvelo. Enseguida me tranquilice, en una mano tenía un vaso lleno de vino (¿todavía?, pensé) y en la otra las llaves de mi casa; cuando me ofreció solo le di un trago, hacia mucha sed.

Le pregunte para que necesitaba las llaves. No podía dejar de mirarla con esos nuevos ojos (que ella me había regalado) cualquiera que hubiera sido su respuesta sinceramente no la habría escuchado. Yo seguía intoxicado de su cuerpo y toda la maravilla que encerraba.

“Es que no vas a poder salir de tu casa, ya cerré las puertas con llave”. Me dijo, sin ningún todo de voz en particular.

En ese momento me invadió una felicidad adolecente al pensar que si yo no salía ella tampoco, por lo tanto se quedaría conmigo y no tenía ni idea de cuánto tiempo… pero no importaba, estaba muy equivocado. Cuando iba a decirle algo… se acerco y sus dedos en mis labios lo impidieron.

“cállate y bésame”. Me ordeno.

No puse ninguna resistencia para su beso y pude sentir como ponía “algo pequeño” en mi boca que al momento me supo raro; un dulce supuse. Lo trague, solo quería seguirla besando, comenzó a reír momentos después y me mostro una cajita que decía “Propanolol”.

/Mis manos se están quedando sin fuerzas, ya es casi hora, no creo poder escribir mucho mas/

Me llene de coraje, la mire con desprecio y sorpresa, sin comprender aún por que lo había hecho.

“No puedes vomitar, no lo hagas, no quiero que mueras, tenemos media hora más o menos antes de que…”

/Me invade un mareo aterrador/

Me asuste y levante rápidamente y corrí pero la resaca combinada con el cansancio y la falta de comida me estaban matando y ahora con tanto sentimiento encontrado tenía ganas terribles de vomitar. Tropecé un par de veces antes de llegar al baño (la única puerta de mi casa que no tiene llave), tome un papel y pluma del escritorio antes de salir del cuarto, quiso evitarlo pero no pudo. Mientras escribo ha estado sentada fuera, disculpándose por su “acción necesaria”.

/Es todo… no puedo escribir mas/

Te odio por esto ********.

——–

Acabo de ver todo lo que escribiste mientras estas en el suelo tirado sobre tu vomito. No me podía dar el lujo de que esto continuara, te mentiría si te dijera que no me hiciste sentir algo perturbadoramente placentero, y es perturbador por qué no debería de sentirlo, la próxima semana me casare, siento no habértelo dicho. Alguna vez leerás esto, no recordaras nada, pero se despertara algo en ti y eso será lo que debes de guardar, no lo dejes salir de tu estomago ni de tu pecho. Yo estaré sintiendo lo mismo, te lo prometo.

Con cariño: ********

FIN.

P.d. Esta historia me llega por correo, de un remitente desconocido, pidiéndome que lo publique en el blog, cosa que hice y que al re-leerla me causa algo en el estomago y en el pecho… es curioso, a mi agenda le faltan un par de hojas que no recuerdo haber arrancado.

Una noche, un día. Parte II.

[…] Cuando me desperté seguía haciendo mucho frio, pero como continuaba teniéndola en mis brazos no quería darme cuenta de ello. Dormir en el piso, además de ser incomodo es doloroso, eso mismo hizo que me levantara y enseguida mire el reloj; ¡habían pasado menos de 3 horas, el sol comenzaba a salir en un horizonte confuso por las nubes grises, la lluvia no había parado.

Ella se levanto enseguida, miro a su alrededor y me sonrió (cada vez que lo hacía sentía como si me hiciera caer en una trampa). Conversamos 5 minutos, sorprendiéndonos (todavía) de lo que estaba pasando. Nos dimos cuenta de que con ese frio no la pasaríamos nada bien, después de pensar a donde podríamos ir, le propuse mi casa… mi cuarto en particular (y para que quede claro, sin ninguna intención de por medio) y con mucha duda y algo de desconfianza acepto. Sin ninguna condición y con algunas preguntas… al fin y al cabo la noche no terminaba todavía para nosotros, tomamos el alcohol y el primer taxi que encontramos, cuando llegamos a mi casa no parecía sorprendida y el sueño nos seguía pesando, enseguida entramos a mi cuarto, cerré la puerta y ella destapo la siguiente botella, Yo sinceramente me moría de sueño, pero me contagiaba sus ganas de beber y seguir conversando. Ya me había percatado de que miraba a su alrededor como si hubiera entrado en un museo. Y en un comentario toda la magia comenzó:

¿Por qué tu techo es color café? ¡Si todos deben de ser blancos!

La pregunta no me sorprendió en lo absoluto, pero nos causo mucha gracia. Nunca se la respondí, yo siempre (y seguía siendo así) pensé que era blanco. Nos recostamos en la cama y despacito nos cobijamos como pudimos con el cobertor y las sabanas, que en su tamaño individual sugería muchas cosas… yo no perdí el tiempo y le abrace enseguida. No pareció molestarle.

Después de criticar duramente el color del techo me pregunto por la pintura frente a la cama. Le conté la historia de la que ya hace muchos años habían pasado y recordaba con claridad, luego lo mismo con las que estaban al lado y las vivencias que me habían orillado a colgarlas en ese lugar, también por los dibujos, las manchas de sangre en la pared que estaban enmarcadas, el osito de peluche en el buro… se maravillo al saber que absolutamente todo en mi habitación tenia una gran historia que contar.

Pero hubo algo que la estremeció; le mostré una caja de metal más o menos grande que pesaba considerablemente, le dije que la abriera mientras me iba rápidamente al baño, yo sabía  (recordaba) lo que la caja contenía, pero dejaría que ella lo descubriera: recuerdos en forma de fotografías y cartas de “algún amor” de quien ya no volví a saber desde hace un par de años. Desde ese entonces la había conservado cerrada. Cuando salí del baño y entre nuevamente a mi cuarto me quede bastante impresionado y un poco asustado: Ella estaba llorando.

Me miro con los ojos cristalinos (esos ojos, esa mirada) y sonrió encantadoramente como toda la noche y me confesó que no había podido contenerse, que había sentido como la historia en la caja se convertía en algo suyo…

/Quizá para ella fue solo una experiencia, un momento que la sensibilizó de manera inesperada… para mí se cerraron las puertas del mundo exterior, una burbuja se construyo de manera inaudita y repentina donde solo existimos los dos/.

Guarde la caja y volvimos a recostarnos, nos refugiamos del frio infernal. Le abrace de nuevo y al par de minutos, y no sin antes decirme que no me preocupara, que cerrara los ojos… me quede dormido, ¿Cuánto tiempo?, sinceramente no me importaba, pero sentí que fueron años y mi descansar fue tranquilo, sabiendo que al despertar ella seguiría ahí… cuidando mi sueño. Y me di cuenta de algo curioso: ahora le tenía fe. Ese raro sentimiento en el que confías en alguien sin saber con certeza quién es. Pareciera que ya había conocido lo suficiente o lo necesario. Solo me importaba que estuviera ahí y por supuesto, que no se fuera. Nada más, ni comer, ni el trabajo, ni el espacio… una sensación de bienestar y paz de la que solo yo era consciente.

Cuando abrí los ojos tenía mi agenda en sus manos y escribía, me tomó unos segundos “regresar del sueño” y cuando lo hice vi que firmaba el texto de un par de hojas que acababa de escribir. Le pedí que me lo mostrara y se rehusó tiernamente diciendo que era mejor que me lo leyera. Sus labios, su garganta junto con su lengua pronunciaron lo siguiente.

Heme en un estado conductista; él tan inhumano tan sobrio, tan inherente, a decir verdad me llama la atención y es que la forma en la que se desenvuelve es tan INIGUAL que me hace pensar que no hubiese otra cosa; verlo dormir o pensar o idealiza… su casa sus cobijas, tan el… ¿Qué? Puntos suspensivos. Y todo eso, él te hace creer, te hace jugar, jugar de una manera tan inexacta, estornudos, estornudos que te hacen vibrar, martirizan tu cabeza tan excitantemente. Quisieras, quisiera despertar solo con un beso, con quitar la playera, seguir con el pantalón, el cinturón no es mayor problema, él, él, él abrigando, respaldando, resguardando lo que puede ser una gran parte de ti, que se ha convertido en ti, de ti, es memorable, inusual, casual y brindable. Lunares, pigmentación, cumulo de melanoma, es; es; es; beligerante; beligerante en la forma en la que tus manos que ahora son tu piel son todo, son lo suficientemente vanas para dejarnos, dejarme llevar por la… tres puntos suspensivos MEMORABLES ÉL; ES COMO ES.

Sobre todo por la forma, la forma de sus zapatos, su perchero, el oso, ese oso que te hace pensar que historias guarda, los dibujos, sus dibujos deprimentes que dan asco, que dan asco y que intrigan; música, música que acalla, acalla lo que es visible y que remunera; utopía, utopía en sentido en sentido figurado.

No sé, no sé si te guste, te amargue pero, pero es lo que pienso al venir a tu habitación. Gracias por brindarme tu hospitalidad. P.d. Al fin y al cabo la vida es un chiste. CARPE DIEM.

Atte. **********

Me quede paralizado y el mundo que se había formado para nosotros al entrar en mi cuarto, era en el que ahora ella era la reina. Me había enamorado, pero algo no parecia estar bien…

——–

CONTINUARA…

Una noche, un día.

Historia basada en hechos reales.

Solo sé que tengo poco tiempo, con mucho trabajo pude conseguir el lápiz y el papel antes de que la pastilla que ella me ha dado borre estos dos últimos días de mi vida; una vez que haga efecto no recordare nada, ni siquiera haber escrito esto. No sé porque lo habrá hecho si han sido vivencias tan espontaneas, hemos vivido un romance que nos rebasó brutalmente para convertir nuestra ridícula humanidad en una historia memorable; conquistamos nuestros intelectos de manera sutil, luego, no había nada más que dejarse llevar ante una monumental ola de sentimientos y sensaciones que ni siquiera sabía que existían. Despertó algo en mí que me ha regresado la esperanza en otra persona,  dejamos de chantajear a nuestra mente y nuestros cuerpos… eso me hace seguirme preguntando: ¿Por que puso esa maldita pastilla en su lengua y luego en mi boca?… Tardara alrededor de media hora en hacer efecto, ahora más que nunca debo de ser rápido al escribir… luego mi vista se comenzara a poner borrosa, me pesará el cuerpo de sueño y ahí terminara todo, mañana despertare como si nada hubiese ocurrido. Necesito mantener este recuerdo conmigo, aunque luego al releerlo ni siquiera sepa que es mío:

Hace dos días en la noche que le volví a ver. De la misma manera casual que desde que le conocí, hará media década de ello. Nos saludamos amistosamente como siempre y le pude presentar al amigo que me acompañaba, este, ocurrentemente nos invito un par de cervezas, que los dos aceptamos gustosamente.

Entramos al bar, tomamos un lugar cual sea en la mesa mas arrinconada, nos estábamos divirtiendo, pero nada en especial, conversaciones anecdóticas y sobre cualquier cosa; ese par de tragos se convirtieron en un par mas y siguieron multiplicándose hasta llevarnos a ese estado de embriagues relajante. Después de hora y media mi amigo comenzó a sentirse “incomodo” estomacalmente, a lo que con un saludo corriente despidió su velada con nosotros. Habría pasado una hora más desde que mi amigo se marcho, ya era de madrugada y también decidimos irnos, cada cual a su casa que estaba en las cercanías; me ofrecí a acompañarla pensando que nos llevaríamos 20 minutos (caminando) a su casa y después 30 minutos adicionales cuando yo regresara a la mía, me pareció buena idea para deleitarme más la noche.

Mientras caminábamos seguíamos riendo y contándonos historias varias. A la mitad del camino nos dimos cuenta de que no teníamos por que terminar la noche, que podíamos seguir construyéndola incluso hasta el día siguiente… su mirada tan inspiradora y su sonrisa atrevida me dieron la confianza necesaria para decidir aventurarme. “¡Sigámosla, tenemos dinero, tiempo y juventud”!. Le dije como si ese día se terminara el mundo y fuera la última noche.

Llegamos a una tienda cualquiera, compramos un par de botellas de vino tinto y mucha cerveza, en esos momentos me preguntaba si “tanto alcohol” era necesario, justo estaba a punto de preguntárselo cuando voltee a verla, me sonrió, después de eso la pregunta pareció ya no tener sentido, le sonreí también y nos fuimos, con una promesa que los dos ignorábamos esa noche. El clima comenzó a ponerse frio y la lluvia nos amenazaba tiernamente con la llovizna. No podíamos regresar al bar, seguramente ya habían cerrado, así que resolvimos ir al departamento de uno de sus amigos, que había salido de vacaciones el cual le había dado las llaves para que “le echara un vistazo” de vez en cuando para ahuyentar a cualquier malandrín. Cuando llegamos me dijo que me pusiera cómodo en cualquier parte, enseguida me di cuenta de que había muchas cajas pero ningún mueble a la vista; cuando le pregunte el porqué me explicó que todas las cosas estaban empacadas por que el planeaba mudarse una vez que regresara de su viaje, así que estábamos en un departamento con una docena de muebles envueltos, una ventana al lado de la calle sin cortinas y mucho frio. “¡Pero qué carajo si es lo único que necesitamos para seguir esta fiesta tan particular!”. Pensé.

Descorchamos la primera botella (como pudimos, pero lo hicimos), nos sentamos en el piso y seguimos con nuestra conversación tan “sin fin”, estaba comenzando a llover en forma y el frio se estaba poniendo intenso, pero entre nuestras risas y el alcohol en la sangre eso paso desapercibido… por un rato. Ya daban las 3 y pico de la madrugada cuando nos sentamos y recargamos en la pared junto a la ventana, el sonido de la lluvia al caer nos hipnotizo, en algún momento nos perdimos y cuando me di cuenta ya estaba dormida en posición fetal recostada en el suelo, me quite la chamarra y se la puse encima para cobijarla, no podía darme el lujo de estar desempacando cosas ajenas para encontrar una manta. Me comencé a sentir cansado y al verla durmiendo a mi lado e hice lo mismo, pero el frio me torturaba y comencé a temblar, en alguna de las veces que cambie de posición me di cuenta de que ella también estaba temblando, pensé que no le molestaría que le abrazara, además ya habíamos construido esa confianza. Supuse.

Me acomode como pude a sus espaldas y al paso de unos minutos el frio se había mitigado deliciosamente. Cerré los ojos y percibí su perfume, tan suave (como ella) me relaje y por fin dormí.

———–

Si hubiese sabido que al despertar la vida tenía algo de esa magnitud por mostrarme me hubiera puesto galán o me atrevo a decir que me habría preparado espiritualmente…

CONTINUARA…

Dos cerebros que pueden explicar cualquier sentimiento (Catpower)

“Tengo ganas de ser aire y me respires para siempre”. (Zoé – Soñé)

Son el tipo de sentencias que las personas hacemos por lo menos una vez en la vida, con el tiempo aprendemos que este nivel de exageración nos lleva a un solo lado: Una enfermiza codependencia.

Hablemos claro: Con ese mismo tiempo las actitudes de las personas (con una lectura metódica; “tal acción se desprende de x circunstancia, dicha circunstancia tiene tal origen el cual desencadenará evidentes reacciones y consecuencias” uno va creando un catalogo) se vuelven predecibles. Lo que rápido comienza, rápido termina; entre mas alto vuelas mas dolorosa será la caída; el enamoramiento se convierte en una enfermedad mental (lista para atrapar a cualquier ingenuo), las personas se auto flagelan emocionalmente a mas no poder como si de un muñeco de vudú se tratase, al final de nadie es la culpa y nada mas por no querer encontrar culpables. ¿Pero entonces donde queda la maravilla que nos vendieron las canciones de pasión y romance,  las películas donde un romántico caballero muere por su devota damisela, los regalos increíbles, las cursilerías que hacen suspirar; acaso se esfuman tan miserablemente dentro de nosotros sin que nos demos cuenta? .No.

 

No nos engañemos: Todas esas ideas han sido solo transformadas, los que aprenden de las experiencias evolucionan esas ideas y sentimientos para convertirlos en sensaciones de bienestar A LARGO PLAZO (citando una vez mas al maestro Aristóteles: El ser humano es la única bestia que tropieza dos veces con la misma piedra) pero quienes no lo hacen viven en sus días de vida, días de muerte y calvario. Ciertas personas se hacen exigentes, otras se hacen más tontas, unas cuantas se convierten en esclavas de alguien más o de si mismos y la mayoría en mitómanos maniacos. Estos últimos son los más peligrosos, por que terminan por creérselas, las absorben y se hacen ignorantes de una cruda realidad, viven en una delicada fantasía… que siempre se rompe y les duele la vida.

 

Aceptémoslo: El romance, la pasión y el enamoramiento siempre van a estar ahí, es como una manera de vivir, es tener fe y esperanza en la gente, por que el ser humano no esta hecho para estar solo. ¿Pero como se hace para no sentir daño, para disfrutar plena y sinceramente a alguien ( o alguienes)?. Aceptación. House tiene razón (Todos mienten) la única variable es: sobre que lo hacen. ¡Cada uno de nosotros también lo hace! Una vez que nos damos cuenta de esto y queremos que nuestra convivencia con quien sea se convierta en algo justo… todo será más fácil. Comprenderemos a las personas, su manera de ser y de mentir. Entenderemos que no somos superiores a nadie y que nadie es superior a nosotros, pero siempre habrá alguien mas inteligente y esa persona será (por lo menos para mi) de quien nos enamoraremos verídicamente. El único detalle sería entonces que la gente tuviera una visión similar, que: Hablara claro, que no se engañara y aceptara las cosas inevitables del universo. Esto es lo complicado de encontrar.  Sinceridad, auto comprensión y aceptación. Requerimientos INDISPENSABLES para la convivencia y la adaptación a las relaciones del siglo XXI y la sociedad actual. Mi humilde opinión.

P.D. Yo he desarrollado dos cerebros; el de mi cabeza y el que cambie por el órgano en mi pecho.