Vamonos, pero no tan lejos.

Fácil; @tajin me obsequió un hosting con todo y dominio… nos vemos en:

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-L-&-M-*

Te amo.

 

Tú has creado todo este amor.

Mi amor mas grande… Mi Luis.

Aún no entiendo este amor loco/

que siento por ti/ y si lo entendiera/

me volveria mas loca…/

 

“No me sonrojo si te digo que te quiero…

Como grande es el cielo cuando uno ama.

Con toda el alma”

 

¿Qué por que te amo…?

-Claro que lo sé, es solo que, no sé como explicarte lo feliz que estoy a tu lado, el simple hecho, de que a tu lado todo es perfecto. Y no tengo una respuesta, en con la que pudieras entender la inmensidad de mi amor por ti, solo espero, que comprendas, valores, disfrutes  sobre todo: que correspondas a este loco amor.

Cada día creces y crece mi amor por ti.

Y CLARO QUE SERÁ PARA SIEMPRE.

ATTE.

****************

P.d. Para siempre.

*Carta a Luis Alberto. Enero 2009.

Sin finales felices por favor.

Ya hará de un par de años que tengo este borrador en el cuaderno.

Va siendo hora de desempolvarlo.

Quiso mantener la calma, estar sosiego, a la altura de la situación; pero definitivamente ese no era él, estaba completamente destruido y su mente en un shock del que sentía hundirse con cada segundo que pasaba. Lo sospecho desde que miró al doctor a lo lejos caminando hacia él: “No podemos hacer nada, es necesario el trasplante, tenemos alrededor de 5 horas antes de que pase lo peor… lo siento”. Una jodida frase ensayada de los médicos, parece que toman clase de Disculpas I y II, el tono neutro y resignado… malditos doctores amables (pensó para sí).

La vida lo había bendecido a sus veinticinco años con Roció, la primera de tres hijas, dos años después vendría Anel y tres años mas tarde Isabel, idénticas a su madre en belleza y terquedad, quien desafortunadamente no había podido vivir para verlas crecer después de su ultimo alumbramiento.

De él todo fue un desastre por algún tiempo, pero recobro el sentido y la voluntad al ver que su esposa se había quedado habitando en tres pedacitos de carne que estaban evolucionando y necesitaban de su fortaleza… y es que nadie dijo que ser padre fuera fácil, y aun mas, al mismo tiempo tener que ser madre. Como pudo (y bien que lo hizo) llevo a sus hijas por un buen camino, eran excelentes estudiantes; Roció una hermosa bailarina de jazz, Anel con un talento maravilloso para el piano e Isabel con una pasión y un don para el dibujo. Él no podía pedir más.

 

Pero nada es perfecto.

 

Un día después del cumpleaños número veintitrés de Roció los cuatro se disponían a abrir los regalos, muchos de ellos de parte de pretendientes que llevaban años tras el “sí” definitivo; sin éxito alguno. Y no era que Roció fuera una recatada ortodoxa, simplemente (a su experiencia) tener un compromiso con quien fuera no era… “practico”, comprendía que no le traía algún beneficio que no pudiera obtener por otros métodos o de diferentes fuentes. Cada vez que abría alguno de los obsequios miraba la etiqueta y le platicaba a su familia como es que había conocido al susodicho y cuanto tiempo llevaba pretendiéndola… una lista muy larga. Anel e Isabel no le envidiaban nada en absoluto a Roció, y compartían la misma idea sobre el compromiso. Su padre les había dado una sola instrucción para que le honraran y él se sintiera orgulloso: Esfuércense por lo que quieran con pasión… sean felices sin importar lo que los demás piensen. A pesar de esto él no había vuelto a enamorarse, ni siquiera intentar hacerlo en alguna cita o con muchas de las mujeres que le invitaban a pasar la noche “para consentirlo”; y no era por “el que dirán”, mas bien por el amor que le había jurado a su difunta esposa, cada día le recordaba con melancolía y la misma intensidad, se había percatado de que no necesitaba otra cosa, con eso era mas que suficiente para ser feliz. Los años fueron llevaderos.

Cuando terminaron de desenvolver el ultimo regalo, que era un vestido escotado por la espalda de color azul cielo, corto y ajustado… se levanto del comedor para írselo aprobar, al poco rato regreso dirigiéndose inmediatamente a su padre quien tenia la mirada perdida, pensando en asuntos sin resolver del trabajo.

“¿Te gusta papá?, yo opino que se me ve muy bien, podría conquistar a quien yo quisiera”, le dijo emocionada.

Al voltear a mirada hacia su hija no pudo evitar la sorpresa… “te vez hermosa, eres idéntica a tu madre, vestida así me recuerdas cuando la conocí”.

Y como conjuro maldito, después de decir la última silaba Roció cayó al suelo sin más.

Mientras Anel llamaba a una ambulancia, él e Isabel seguían intentando reanimarla; y a pesar de que respiraba con consistencia no despertaba del desmayo, la preocupación crecía cada minuto que los paramédicos se demoraban en llegar, ninguno de los tres podía explicarse lo que había pasado y eso aumentaba más su preocupación.

Diez minutos después la ambulancia la llevaba camino al hospital.

Curiosamente la llevaron a emergencias en lugar de darle solo primeros auxilios o reanimación. Él había llegado momentos después con sus dos hijas para enterarse de ello… “necesitan esperar, esta en urgencias, una vez que el doctor termine de atenderla vendrá a darle mas información” les dijo la enfermera.

Y en la espera, sentados, mirando los tres al suelo sin decir ni una palabra… con la suavidad con la que fluye el tiempo, y la furia de quien quisiera castigarlo… Anel se desmayo en el sofá e Isabel cayó al suelo casi al mismo tiempo.

Llamo casi llorando y gritando a las enfermeras quienes a su vez pedían camillas desesperadamente. ¿Qué carajos esta pasando, que demonios? Pensaba mientras por su mente pasaba cada momento de los días anteriores, “quizá fue algo que comieron” deducía. Al poco rato también ellas entraban en urgencias.

Cuando el doctor salió no solo tenía una expresión de preocupación sino de sorpresa y asombro.

Lo que acaba de pasar señor, además de ser una rara y horrible coincidencia, es una tragedia. Sus hijas tienen un raro padecimiento genético, descubierto hace poco menos de diez años. La mal formación en ciertos genes hace que los riñones se transformen en una bomba de tiempo… se destruyen así mismos casi por completo hasta que pasa lo que a sus hijas. La única solución es una droga experimental o un trasplante, el problema con el fármaco es que solo ha funcionado tres veces en los quince casos detectados en el mundo, por lo que no quiero que se haga de falsas esperanzas… y el problema con el trasplante es que en cada una de sus hijas los dos riñones están desechos, entonces… mencionándole lo obvio… (Su expresión es triste y nerviosa, como si el doctor de repente quisiera desaparecer y preferir que alguien mas le diera la noticia) necesitamos por lo menos tres riñones, sus hijas están al final de la lista de espera de donadores y solo tienen este día antes de que los organos dejen de funcionar.”

Después de que el medico le dijo que intentaría restablecerlas con el fármaco se fue de prisa.

Él se quedo en la silla con los codos en las piernas y las manos apretando su cabeza, no podía creer lo que estaba pasando, ¿que castigo divino o infernal estaba pagando? y aunque no era el momento para debilidades se puso a llorar,  lloró por casi una hora hasta que el mismo medico volvió a salir de la sala de emergencias para darle la mala noticia. “No podemos hacer nada, es necesario el trasplante, tenemos alrededor de 5 horas antes de que pase lo peor… lo siento”.

Fue con alguna de las enfermeras y le pidió que hiciera los estudios necesarios para saber la compatibilidad de sus riñones con sus hijas. Unos minutos después la enfermera regreso contenta y alentada a darle la buena nueva al señor: sus riñones son completamente compatibles, no hay ningún riesgo al donar. Pero extrañamente vio como él, en lugar de cambiar su temple de tristeza a felicidad… pareciera que acababa de recibir una noticia aún peor… y así era.

Ahora tendría que decidir quien de sus hijas viviría… y se ponía peor, al pensar que se debería de resignar a la muerte, ¿Sus hijas terminarían por odiarlo o por adorarlo toda la vida? ¿Lo culparían o entenderían la posición en la que estaba? ¿Quién de ellas viviría para hacerlo? Esto definitivamente era una maldición, alguna mala jugada que Dios planeaba resolver milagrosamente antes de que el tiempo se terminara… o quizás… son cosas que pasan.

Estaba solo, nadie podía aconsejarle, ni ayudarlo, ni alentarlo a tomar la decisión correcta…

¡¿Pero cual era la decisión correcta?!

La noticia se extendió en el hospital como una bacteria, nadie se atrevía a decir cualquier cosa, o más bien, nadie era lo suficientemente valiente ni cobarde para hacerlo.

Llego el doctor solo para decirle: ya es tiempo de que tome una decisión, escríbala y yo me encargare del papeleo.

Él levanto la mirada con los ojos sumamente hinchados y destruidos para contestarle: Gracias, ya lo he decidido…

….

FIN.

P.D. A veces, las buenas historias son de las que somos completamente dueños del final.

El problema con mis detractores.

Mujeres, muchas de ellas por doquier, el mundo está lleno, en una cantidad menor hay masculinos. Todos nosotros tenemos la obligación social de vivir en paz, armonía y respeto. Esta será la única manera en la que podremos alcanzar un nivel de “felicidad en comunidad”, y es que cualquiera puede decir que no necesita de las personas de su medio ambiente (la autosuficiencia está de moda, egoísmo humano en un estado puro disfrazado de independencia. Hipócritas), pero nada más alejado de ello, porque no es la necesidad del otro, sino la influencia que este pueda causar en cada uno de nosotros y sobre todo; cómo podemos manejarnos ante esto.

En un caso particular (el mío), en un ambiente en particular (mi pueblo), en una sociedad en la que me desenvuelvo (de tradiciones ortodoxas y poco tolerantes) es difícil desenvolverse, cultivarse o destruirse sin llamar por lo menos un poco la atención; y claro que uno está dispuesto a pagar ese pequeño precio, pero cuando “el ahorro” de toda esa “critica” pesa de tal manera que, además de ser una pérdida de tiempo, el constante reclamo por tener que explicar y desmentir razones que no existen se hace presente. Estúpidamente molesto, ya que en ningún momento nadie nos obliga a soportarlas (¡Y quien se ve obligado a sobrellevarlas somos nosotros!).

Lo que se debe hacer, en principio: es ignorar. La manera más eficaz de que “los detractores” le resten importancia a las vidas ajenas y dejen de hacer ruido. Es así de fácil, aunque el desconocimiento de las circunstancias con las que se juzga a una persona pueden hacer que “los dimes y diretes”  cobren sentido sobre sí mismos, es decir, aunque no estén basados en argumentos reales o hechos verídicos (después de todo; la mentira que se dice miles de veces termina por convertirse en verdad).

“Él vio todo y no hizo nada”, “hackeo la cuenta de mi esposa”, “La esta acechando porque se lo come la envidia”, “es gay”, “se cortó las venas por mujeres”, “dijo esto (o aquello) sobre “x” persona”… todas estas oraciones claramente difamatorias tienen como fundamento solo la ignorancia sobre el contexto real de los hechos. Nunca nada debe juzgarse si no se conocen las evidencias totales y mucho menos dar por hecho una verdad impuesta y absoluta.

Pero las palabras tienen un valor cuando son pronunciadas con el acento “dramático”, “serio” o “despectivo” correcto. Personas “limpias” en apariencia y “bien portadas” superficialmente hacen estas sentencias con el solo objetivo de ser destructivas. ¿Y qué más da? Al final del día uno tiene que decidir a quién  quiere convencer y a quien quiere mandar directo a la mierda; pero justo ahí, en el momento en el que visualizamos a las personas “queridas” en las que necesitamos confiar (y por tanto también que confíen en nosotros) es un momento de riesgo y es necesario aceptarlo, porque todo puede pasar. En definitiva, los humanos no estamos hechos para estar solos; y vivir en paz se convierte en una necesidad, pero va en contra de nuestro instinto animal y aquí justamente es cuando tenemos la oportunidad de convertirnos en humanos racionales, dejemos el odio, la envidia, la hipocresía para las bestias. Por favor.

P.D. A mis detractores: Un cordial abrazo.

Una noche, un día. Parte III.

Parte I . Parte II

De repente ella no parecía estar… era como si estuviera pensando en algo mas, en alguien mas…

/Están empezando a hormiguearme las piernas, ya están próximos los efectos de la pastilla. Debo apresurarme/

Preguntándole que le pasaba no supo-quiso responderme. Repentinamente le dio un trago más a la botella sin piedad, como si deseara morir ahogada de vino; pero pronto me di cuenta de que lo había hecho para anestesiarse, y mientras se acomodaba entre mis brazos… frente a mí se durmió, fue tan repentino, no supe que hacer solo deje que separara mis rodillas con su pierna, se acercara a medio centímetro de mis labios sintiendo su aliento tibio, sus manos en mi pecho, yo me quede congelado, hasta mi respiración se hizo lenta, pero el palpitar de mi corazón estaba descontrolado, salvaje… ¿ella tendría algún fin con todo esto? Y en ese caso ¿Qué planeaba?, cuando el miedo me hacia razonar sobre las respuestas parte de mí pensó-sintió: ¡Que importa! ¡Vive el momento! Ella lo había dicho.

Aun así me sentía incapaz de hacer cualquier cosa, no quería despertarla, estaba solo contemplándola, de una manera que ella nunca comprendería pro que jamás podría verse dormida, frágil e indefensa, con sus labios delgados y rojos como la sangre; su cabello resbalaba por su rostro y fue cuando me atreví a moverme para recorrerlo hacia su oreja lo más lentamente posible… despacio. Pensé. Mi corazón seguía latiendo maniáticamente, algo en mi seguía creciendo mientras la tenia así de cerca, podía no solo oler su perfume sino sentir aroma. Su piel clara, su cabello negro, encontraba cada detalle… lo convertía en una sensación y la hacia mía (¿a ella también?).

No puedo decir con claridad que fue lo que me hizo besarla; si el ansia, su belleza o simplemente las estrellas se alinearon de manera perfecta para darme valor. Primero sus mejillas de la manera más delicada que pude, las acaricie con mis labios, deslizándome por sus ojos, su frente, sin dejar de abrazarla… bese sus labios sin despertar ninguna respuesta… no podía  despertarla o… eso pensaba.

Entre uno de esos besos sin decencia sentí como  sonreía. “Ya estoy despierta” me dijo con su voz suave sin separar sus labios de los míos. Abrió los ojos, yo seguía inmóvil e impresionado por la manera sorpresiva en la que pronunciaba sus palabras. Me abrazo con una mano por los hombros y con la otra detrás de mi cabeza presiono su boca contra la mía; con una elegancia romántica que nunca había conocido.

Nuestros cuerpos confiaron uno en el otro mientras seguíamos besándonos, su lengua consentía a la mía con un masaje de calidad artesanal para luego morder dolorosamente mis labios, mientras nuestros sexos se consentían sobre el pantalón el calor aumentaba rápidamente. Me separo de ella repentinamente solo para comenzar a desabrochar mi pantalón… se detuvo, tomo mi rostro con una de sus manos haciendo que la mirara directamente a los ojos: “¿sí?, ¿así?, ¿ya? Me pregunto. Y clavándole la mirada de la manera más sincera posible le di un “Si”. No dijimos nada más.

Siguieron los besos, muchos de ellos de todas las maneras, mientras se quitaba el pantalón apresuradamente y yo me deshacía del mío. Deseo puro. Me quede pasmado con sus piernas, carne deliciosa de mujer, con su ombligo redondo y su ropa interior delgada, sin ninguna rara ni atractiva forma, era solo que ella la tenia puesta, con eso era más que suficiente para entender que no necesitaba nada más.

Una vez desnudos de la cintura para abajo pude sentirla; esa calidez que ninguna otra cosa o situación puede igualar… estar dentro de ella mientras la veía cerrar los ojos y hacer un gesto de placer; se mordía el labio inferior y movía la cintura de formas que no hubiera imaginado, era despacio pero también lo necesariamente rápido para que el placer tuviera el ritmo y el sabor. Definir su sexo por dentro… mojado y caliente, golpeando delicadamente sus paredes. Yo no sabía que pensar, solo me daba cuenta de que era algo sin igual, de que podía morir en esos momentos sin la menor preocupación… mientras saboreaba su cuello y sus hombros me tomo por la cintura empujándome hacia un costado  y de un ágil movimiento se puso sobre mi. Estaba siendo testigo de un talento sin igual.

Levante su playera  y su “bra” para saborear, sin su permiso, sus senos de tamaño exacto, disfrutándolos como si fuera helado, mordiéndolos cuidadosamente, su pezón rosado endureció tan rico… esto solo debería de ser el paraíso, pensé. Mis manos acariciaron su cintura y espalda solo para presionarla violentamente contra mí, para penetrarla locamente… le gustaba. Ya hacia sudor, su cabello suelto ocultando su cara mientras seguía moviéndose rápidamente y gemía… placer, su cadera, placer, sus gestos, placer, sus manos, placer, sus pies, placer…

Tome sus nalgas como si quisiera arrancárselas, ella nuevamente mordio mi cuello con la furia de una mujer hambrienta y caliente. Todo se repitió una y otra vez, una  y otra más. Ella… su placer y lo que había crecido en mi… miedo de que se fuera.

/Mierda mis ojos se sientes raros…/

Después de eso… de todo y nada, de ir… y venir; mirándonos desnudos sin mucho que decir ella tomo la palabra para contarme sobre un proyecto en el que trabajaba (yo sentí su conversación tan casual que por un momento olvidaba lo que acababa de pasar). Perfección del efecto del “propranolol”, una sustancia con la que se podía olvidar, mientras desarrollaba su conversación no pude contener el sueño… y sin querer dormí, como desde hace muchas lunas no lo hacia, pero ahora con el miedo de despertar y no tenerle cerca para verla reir. Cuando abrí los ojos ya era de noche y ella no estaba junto a mí… eso hizo que pudiera recuperarme más rápido debido al susto. No paso mucho tiempo cuando todavía cansado y con la vista borrosa vi como se abría la puerta lentamente y ella entraba ya vestida y sin indicios de desvelo. Enseguida me tranquilice, en una mano tenía un vaso lleno de vino (¿todavía?, pensé) y en la otra las llaves de mi casa; cuando me ofreció solo le di un trago, hacia mucha sed.

Le pregunte para que necesitaba las llaves. No podía dejar de mirarla con esos nuevos ojos (que ella me había regalado) cualquiera que hubiera sido su respuesta sinceramente no la habría escuchado. Yo seguía intoxicado de su cuerpo y toda la maravilla que encerraba.

“Es que no vas a poder salir de tu casa, ya cerré las puertas con llave”. Me dijo, sin ningún todo de voz en particular.

En ese momento me invadió una felicidad adolecente al pensar que si yo no salía ella tampoco, por lo tanto se quedaría conmigo y no tenía ni idea de cuánto tiempo… pero no importaba, estaba muy equivocado. Cuando iba a decirle algo… se acerco y sus dedos en mis labios lo impidieron.

“cállate y bésame”. Me ordeno.

No puse ninguna resistencia para su beso y pude sentir como ponía “algo pequeño” en mi boca que al momento me supo raro; un dulce supuse. Lo trague, solo quería seguirla besando, comenzó a reír momentos después y me mostro una cajita que decía “Propanolol”.

/Mis manos se están quedando sin fuerzas, ya es casi hora, no creo poder escribir mucho mas/

Me llene de coraje, la mire con desprecio y sorpresa, sin comprender aún por que lo había hecho.

“No puedes vomitar, no lo hagas, no quiero que mueras, tenemos media hora más o menos antes de que…”

/Me invade un mareo aterrador/

Me asuste y levante rápidamente y corrí pero la resaca combinada con el cansancio y la falta de comida me estaban matando y ahora con tanto sentimiento encontrado tenía ganas terribles de vomitar. Tropecé un par de veces antes de llegar al baño (la única puerta de mi casa que no tiene llave), tome un papel y pluma del escritorio antes de salir del cuarto, quiso evitarlo pero no pudo. Mientras escribo ha estado sentada fuera, disculpándose por su “acción necesaria”.

/Es todo… no puedo escribir mas/

Te odio por esto ********.

——–

Acabo de ver todo lo que escribiste mientras estas en el suelo tirado sobre tu vomito. No me podía dar el lujo de que esto continuara, te mentiría si te dijera que no me hiciste sentir algo perturbadoramente placentero, y es perturbador por qué no debería de sentirlo, la próxima semana me casare, siento no habértelo dicho. Alguna vez leerás esto, no recordaras nada, pero se despertara algo en ti y eso será lo que debes de guardar, no lo dejes salir de tu estomago ni de tu pecho. Yo estaré sintiendo lo mismo, te lo prometo.

Con cariño: ********

FIN.

P.d. Esta historia me llega por correo, de un remitente desconocido, pidiéndome que lo publique en el blog, cosa que hice y que al re-leerla me causa algo en el estomago y en el pecho… es curioso, a mi agenda le faltan un par de hojas que no recuerdo haber arrancado.